sábado, 29 de noviembre de 2008

Baby H.P.

-Juan José Arreola-

Señora ama de casa: convierta usted en fuerza motriz la vitalidad de sus niños. Ya tenemos a la venta el maravilloso Baby H.P., un aparato que está llamado a revolucionar la economía hogareña.
El Baby H.P. es una estructura de metal muy resistente y ligera que se adapta con perfección al delicado cuerpo infantil, mediante cómodos cinturones, pulseras, anillos y broches. Las ramificaciones de este esqueleto suplementario recogen cada uno de los movimientos del niño, haciéndolos converger en una botellita de Leyden que puede colocarse en la espalda o en el pecho, según necesidad. Una aguja indicadora señala el momento en que la botella está llena. Entonces usted, señora, debe desprenderla y enchufarla en un depósito especial, para que se descargue automáticamente. Este depósito puede colocarse en cualquier rincón de la casa, y representa una preciosa alcancía de electricidad disponible en todo momento para fines de alumbrado y calefacción, así como para impulsar alguno de los innumerables artefactos que invaden ahora los hogares.
De hoy en adelante usted verá con otros ojos el agobiante ajetreo de sus hijos. Y ni siquiera perderá la paciencia ante una rabieta convulsiva, pensando en que es una fuente generosa de energía. El pataleo de un niño de pecho durante las veinticuatro horas del día se transforma, gracias al Baby H.P., en unos inútiles segundos de tromba licuadora, o en quince minutos de música radiofónica.
Las familias numerosas pueden satisfacer todas sus demandas de electricidad instalando un Baby H.P. en cada uno de sus vástagos, y hasta realizar un pequeño y lucrativo negocio, trasmitiendo a los vecinos un poco de la energía sobrante. En los grandes edificios de departamentos pueden suplirse satisfactoriamente las fallas del servicio público, enlazando todos los depósitos familiares.
El Baby H.P. no causa ningún trastorno físico ni psíquico en los niños, porque no cohíbe ni trastorna sus movimientos. Por el contrario, algunos médicos opinan que contribuye al desarrollo armonioso de su cuerpo. Y por lo que toca a su espíritu, puede despertarse la ambición individual de las criaturas, otorgándoles pequeñas recompensas cuando sobrepasen sus récords habituales. Para este fin se recomiendan las golosinas azucaradas, que devuelven con creces su valor. Mientras más calorías se añadan a la dieta del niño, más kilovatios se economizan en el contador eléctrico.
Los niños deben tener puesto día y noche su lucrativo H.P. Es importante que lo lleven siempre a la escuela, para que no se pierdan las horas preciosas del recreo, de las que ellos vuelven con el acumulador rebosante de energía.
Los rumores acerca de que algunos niños mueren electrocutados por la corriente que ellos mismos generan son completamente irresponsables. Lo mismo debe decirse sobre el temor supersticioso de que las criaturas provistas de un Baby H.P. atraen rayos y centellas. Ningún accidente de esta naturaleza puede ocurrir, sobre todo si se siguen al pie de la letra las indicaciones contenidas en los folletos explicativos que se obsequian en cada aparato.
El Baby H.P. está disponible en las buenas tiendas en distintos tamaños, modelos y precios. Es un aparato moderno, durable y digno de confianza, y todas sus coyunturas son extensibles. Lleva la garantía de fabricación de la casa J. P. Mansfield & Sons, de Atlanta, Ill.
FIN

EL GRAFOGRAFO

-Salvador Elizondo-

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaría escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

miércoles, 26 de noviembre de 2008

Conejos blancos

-Leonora Carrington-
Ha llegado el momento de contar los sucesos que comenzaron en el número 40 de Pest Street. Parecía como si las casas, de color negro rojizo, hubiesen surgido misteriosamente del incendio de Londres. El edificio que había frente a mi ventana, con unas cuantas volutas de enredadera, tenía el aspecto negro y vacío de una morada azotada por la peste y lamida por las llamas y el humo. No era así como yo me había imaginado Nueva York.Hacía tanto calor que me dieron palpitaciones cuando me atreví a dar una vuelta por las calles; así que me estuve sentada contemplando la casa de enfrente, mojándome de cuando en cuando la cara empapada con sudor.La luz nunca era muy fuerte en Pest Pret. Había siempre una reminiscencia de humo que volvía turbia y neblinosa la visibilidad; sin embargo, era posible examinar la casa de enfrente con detalle, incluso con precisión. Además, yo siempre he tenido una vista excelente.Me pasé varios días intentando descubrir enfrente alguna clase de movimiento; pero no percibí ninguno, y finalmente adopté la costumbre de desvestirme con total despreocupación delante de mi ventana abierta y hacer optimistas ejercicios respiratorios en el aire denso de Pest Street. Esto debió de dejarme los pulmones tan negros como las casas.Una tarde me lavé el pelo y me senté afuera, en el diminuto arco de piedra que hacía de balcón, para que se me secara. Apoyé la cabeza entre las rodillas, y me puse a observar una moscarda que chupaba el cadáver de una araña, a mis pies. Alcé los ojos, miré a través de mis cabellos largos, y vi algo negro en el cielo, inquietantemente silencioso para que fuera un aeroplano. Me separé el pelo a tiempo de ver bajar un gran cuervo al balcón de la casa de enfrente. Se posó en la balaustrada y miró por la ventana vacía. Luego metió la cabeza debajo de un ala, buscándose piojos al parecer. Unos minutos después, no me sorprendió demasiado ver abrirse las dobles puertas y asomarse al balcón una mujer. Llevaba un gran plato de huesos que vació en el suelo. Con un breve graznido de agradecimiento, el cuervo saltó abajo y se puso a hurgar en su comida repugnante.La mujer, que tenía un pelo negro larguísimo, lo utilizó para limpiar el plato. Luego me miró directamente y sonrió de manera amistosa. Yo le sonreí a mi vez y agité una toalla. Esto la animó, porque echó la cabeza para atrás con coquetería y me dedicó un elegante saludo a la manera de una reina.−¿Tiene un poco de carne pasada que no necesite? −me gritó. −¿Un poco de qué? −grité yo, preguntándome si me habría engañado el oído.−De carne en mal estado. Carne en descomposición.−En este momento, no −contesté, preguntándome si no estaría bromeando.−¿Y tendrá para el fin de semana? Si fuera así, le agradecería inmensamente que me la trajera.A continuación volvió a meterse en el balcón vacío, y desapareció. El cuervo alzó el vuelo.Mi curiosidad por la casa y su ocupante me impulsó a comprar un gran trozo de carne a la mañana siguiente. Lo puse en mi balcón sobre un periódico y esperé. En un tiempo relativamente corto, el olor se volvió tan fuerte que me vi obligada a realizar mis tareas diarias con una pinza fuertemente apretada en la punta de la nariz. De cuando en cuando bajaba a la calle a respirar.Hacia la noche del jueves, noté que la carne estaba cambiando de color; así que, apartando una nube de rencorosas moscardas, la eché en mi bolsa de malla y me dirigí a la casa de enfrente.Cuando bajaba la escalera, observé que la casera parecía evitarme.Tardé un rato en encontrar el portal de la casa. Resultó que estaba oculto bajo una cascada de algo, y daba la impresión de que nadie había salido ni entrado por él desde hacía años. La campanilla era de ésas antiguas de las que hay que tirar; y al hacerlo, algo más fuerte de lo que era mi intención, me quedé con el tirador en la mano. Di unos golpes irritados en la puerta y se hundió, dejando salir un olor espantoso a carne podrida. El recibimiento, que estaba casi a oscuras, parecía de madera tallada.La mujer misma bajó, susurrante, con una antorcha en la mano.−¿Cómo está usted? ¿Cómo está usted? −murmuró ceremoniosamente; y me sorprendió observar que llevaba un precioso y antiguo vestido de seda verde. Pero al acercarse, vi que tenía la tez completamente blanca y que brillaba como si la tuviese salpicada de mil estrellitas diminutas.−Es usted muy amable −prosiguió, tomándome del brazo con su mano reluciente−. No sabe lo que se van a alegrar mis pobres conejitos.Subimos; mi compañera andaba con gran cuidado, como si tuviese miedo.El último tramo de escalones daba a un “boudoir” decorado con oscuros muebles barrocos tapizados de rojo. El suelo estaba sembrado de huesos roídos y cráneos de animales.−Tenemos visita muy pocas veces −sonrió la mujer−. Así que han corrido todos a esconderse en sus pequeños rincones.Dio un silbido bajo, suave y, paralizada, vi salir cautelosamente un centenar de conejos blancos de todos los agujeros, con sus grandes ojos rosas fijamente clavados en ella.−¡Vengan, bonitos! ¡Vengan, bonitos! −canturreó, metiendo la mano en mi bolsa de malla y sacando un trozo de carne podrida.Con profunda repugnancia, me aparté a un rincón; y la vi arrojar la carroña a los conejos, que se pelearon como lobos por la carne.−Una acaba encariñándose con ellos −prosiguió la mujer−. ¡Cada uno tiene sus pequeñas costumbres! Le sorprendería lo individualistas que son los conejos.Los susodichos conejos despedazaban la carne con sus afilados dientes de macho cabrío.−Por supuesto, nosotros nos comemos alguno de cuando en cuando. Mi marido hace con ellos un estofado sabrosísimo, los sábados por la noche.Seguidamente, un movimiento en uno de los rincones atrajo mi atención; entonces me di cuenta de que había una tercera persona en la habitación. Al llegarle a la cara la luz de la antorcha, vi que tenía la tez igual de brillante que ella; como oropel en un árbol de Navidad. Era un hombre y estaba vestido con una bata roja, sentado muy tieso, y de perfil a nosotros. No parecía haberse enterado de nuestra presencia, ni del gran conejo macho cabrío que tenía sentado sobre su rodilla, donde masticaba un trozo de carne.La mujer siguió mi mirada y rió entre dientes.−Ése es mi marido. Los chicos solían llamarlo Lázaro...Al sonido de este nombre, familiar, el hombre volvió la cara hacia nosotras; y vi que tenía una venda en los ojos.−¿Ethel? −preguntó con voz bastante débil−. No quiero que entren visitas aquí. Sabes de sobra que lo tengo rigurosamente prohibido.−Vamos, Laz; no empecemos −su voz era quejumbrosa−. No me puedes escatimar un poquitín de compañía. Hace veinte años y pico que no veía una cara nueva. Además ha traído carne para los conejos.La mujer se volvió y me hizo seña de que fuera a su lado.−Quiere quedarse entre nosotros; ¿a que sí? −de repente me entró miedo y sentí ganas de salir, de huir de estas personas terribles y plateadas y de sus conejos blancos carnívoros.−Creo que me voy a marchar; es hora de cenar.El hombre de la silla profirió una carcajada estridente, aterrando al conejo que tenía sobre la rodilla, el cual saltó al suelo y desapareció.La mujer acercó tanto su cara a la mía que creí que su aliento nauseabundo iba a anestesiarme.−¿No quiere quedarse, y ser como nosotros? En siete años su piel se volverá como las estrellas; siete años tan sólo, y tendrá la enfermedad sagrada de la Biblia: ¡la lepra!Eché a correr a trompicones, ahogada de horror; una curiosidad malsana me hizo mirar por encima del hombro al llegar a la puerta de la casa, y vi que la mujer, en la balaustrada, alzaba una mano a modo de saludo. Y al agitarla, se le desprendieron los dedos y cayeron al suelo como estrellas fugaces.

martes, 25 de noviembre de 2008

Al otro lado de la puerta

-Isis Pérez-
El estar en una relación de novios con alguien especial para ti es muy emocionante, pero muchas veces esa emoción se vuelve nerviosismo cuando tu novio te dice que quiere que conozcas a su familia. Y si hasta eso el conocerla te intriga y a la vez te da más confianza hacia esa persona.


Es así como empieza un momento en mi vida que no se puede comparar con ningún otro…

Recién salíamos de la carrera de Contabilidad José Luís y yo cuando me pidió que fuéramos a ver a su familia a La Paz, B. C.Esta petición me pareció un poco inusual, por que regularmente a él no le gusta hablar de su familia ni de nada que tenga que ver con ésta. Además de la petición poco inusual el muy desgraciado me dijo que ese era mi regalo por nuestro segundo aniversario como novios.
En fin acepte la invitación y acordamos ir con su familia después de la graduación.
El dia tan esperado se llegó, pero para mi mala suerte un día anterior José Luís recibió una llamada de su mamá, la llamada fue muy de sorpresa al igual que alertante;
su madre le dijo que su tío Alfonso había sido asesinado la noche anterior, por lo que la familia se esperaría a que nosotros llegáramos para concluir con lo que sería su entierro.

Y con todo y la mala noticia a José Luís no le sobraban ánimos de que yo conociera a su familia, de tal forma salimos muy temprano rumbo al aeropuerto para tomar el vuelo de las 6 de la mañana rumbo a La Paz; el vuelo fue algo incomodo para mi por que el saber que vas conocer a la familia de tu novio sabiendo que acaban de perder a un familiar, si de por sí cuando uno conoce a la familia de su novio se siente rara por que todas las miradas están sobre de ti además de que hay muchas expectativas sobre el como deberías de ser y como deberías comportarte y cosas por el estilo.

Llegamos a La Paz y Kassandra, su prima fue a recogernos. Ella parecía algo sospechoso, nada preocupado ni triste por lo que había pasado con su tío. La verdad yo creo que únicamente son alucinaciones mías por los nervios.
Kassandra nos acompaño hasta la casa de la señora Juliaca, abuela de José Luís; ella no entro simplemente nos dejo en la entrada y dijo:- En seguida vuelvo, tengo que ir a comprar unas cosas entes de que llegue más gente a ver al tío Alfonso.-
Después de que dijo esto se fue rápidamente.

En lo particular el lugar donde vive la familia de José Luís es algo pintoresco, ellos viven es una quinta a las afueras de lo que es La Paz; a la entrada de la quinta hay un pequeño jardín con una especie de monumento a Nuestra Señora del Perpetuo Socorro, nombre que lleva la quinta en honor a ésta y la pequeña capilla dentro de la quinta en donde se encuentra la virgen.
Después del jardín empiezan lo que son las 15 casas (todas propiedad de la familia Aguirre, o sea la familia de José Luís), todas con el mismo estilo de construcción pero a su vez todas con una muy diferente perspectiva de l espacio.

En sí la casa de la señora Juliaca, es… Es un poco extraña. De frente parece una gran bodega con dos enormes pinos a la entrada tapando los ventanales de las recamaras principales, la puerta es de lo más simple, es de color amarillo huevo con dos ventanas pequeñas en la parte superior y una cerradura normal; al entrar sientes la sensación de que alquien te observa (aunque la casa esté sola sigues con esa sensación), además de un frío escalofriante.La casa tiene la siguiente forma en la entrada está un pequeño recibidor donde hay dos sillones y una tele pequeña, a la mitad del recibidor hay un pasillo hacia la izquierda y hacia la derecha, en los pasillos se encuentran las recamaras, todas las puertas están a los lados (visto de frente, los pasillos parecen interminables por la cantidad de puertas que hay en ellos); pasando el recibidor está lo que parece ser un patio para esta ocasión la caja de muertos se encuentra en medio con muchas flores que han traído y veladoras, el patio parece una jungla por que además de las flores que han traído el patio ya tenia muchas plantas de todos tipos, grandes y pequeñas, de hojas chicas y de hojas grandes, con flores y sin flores, en fin de una variedad enorme.
Frente al patio está el comedor, un lugar oscuro donde lo único que lo alumbra es un candelabro que alumbra muy poco por que el techo está tan alto que la luz no es suficiente, conectado al comedor está la sala, la sala es muy fúnebre y tétrica por que los sillones son de gamuza roja (de un rojo que parece sangre), aparte hay muchas pinturas de dizque familiares importantes de la familia.
Frente al comedor se encuentra la cocina, la cual es un poquito rara por que ésta cuenta con una mesa al centro en donde pueden sentarse cómodamente cuatro personas, una barra en donde se encuentran muchas medicinas, y al frente una estufa y un refrigerador, lo raro aquí es que la cocina tiene una puerta a lo que es su segunda parte donde están el fregador, la alacena, un trinchador con todos los trastes y otra puerta que lleva a un pequeño corral con muchos árboles frutales.
Si uno sale de la cocina por donde entró se encuentra con la puerta del comedor y a su
derecha un pasillo que te lleva a un corral más grande donde hay muchos cuartos (la mayoría desocupados), el cuarto de lavado, una cocina pequeña, un baño (al parecer el único de la casa), y lo que parece ser una oficina muy rustica.

Dejando de lado que la casa era extraña y como de miedo, la atmósfera que se vivía en ese momento no la ayudaba.

Un montón de gente se encontraba alrededor de la caja de muerto llorando y lamentándose, las únicas que parecían despreocupadas eran su esposa y dos hijas.

Ese mismo día que llegamos iban a enterrar al señor, y así fue a las 6 en punto término la misa de cuerpo presente, para dar paso a lo que fue el entierro en el panteón familiar.
Ya para las 8 de la noche la casa se encontraba con ambiente como de decaimiento; para la hora de dormir todos se acomodaron en sus respectivos cuartos, fue entonces cuando la señora Licha (mamá de José Luís) amablemente me acompaño a lo que sería mi cuarto por las siguientes tres semanas. La habitación se encontraba al final del pasillo del lado derecho de la entrada; como era de esperarse el cuarto que yo ocupaba era el único ocupado de ese lado del pasillo.

Dadas las 10 de la noche me encerré en el cuarto, acomodé mi ropa y me metí
a bañar para descansar después de ese largo y ajetreado dia. Durante la noche no pude pegar un ojo por el miedo que mi inundó esa noche al saber que estaba sola, además los cuartos no eran lo que yo esperaba, era una habitación de lo más simple tenía un cama, dos ventanas demasiado chiquitas, un escritorio antiguo, un baño, y lo más peculiar en ese cuarto una puerta frente a la cama; al entrar a las habitaciones uno percibe que el olor a encerrado se mezcla con el de un olor a humedad y a muebles viejos.

No se si era mi imaginación, mis nervios o el tremendo sueño que tenia pero toda la noche escuche gritos de personas (un hombre y una mujer a juzgar por las veces) que discutían fuerte mente al otro lado de la puerta que se encontraba frente a la cama.

A la mañana siguiente me levante y bañe como de costumbre pensando que era muy de mañana pero al estar tendiendo mi cama escuche mucho alboroto, eran risas y voces que decían;-¡Pásame la sal!-gritaban unos, - ¡Otro por favor!- decía otro.
Cuando Salí me tope con José Luís quien alegremente me dijo:
-¡Buenos días bella durmiente! ¿cómo amanecimos hoy?-
Yo me sorprendí por el comentario por que ¿Qué tan tarde podia ser?
Así que ingenuamente le pregunte:-Mi amor, ¿qué hora es?-
A lo que respondio:-¡las doce y media mi amor! ¿Por qué preguntas?

Después de eso le comente que me daba mucha pena llegar a desayunar tan tarde, por lo que me llevo a desayunar.
A nuestro regreso los primos de José Luís nos invitaron a una charriada cerca de la quinta. Cuando regresamos ya todos estaban dormidos, así que simplemente nos dimos las buenas noches y cada quien se dirigió a su cuarto.

Cuando estaba lista para dormir me recargue en la cabecera de la cama y pensé; “Que mal que en este tiempo que se supone que debería estar pasando con su familia, no lo esté pasando como debería ser. ¿Qué van a penar de mi? Seguramente piensan que yo vine aquí por diversión, que no me tomo enserio la relación con José Luís y mucho menos a su familia.”

Estaba dándole vueltas a eso cuando escucho nuevamente esos espantosos ruidos al oro lado de la puerta, esta vez los escucho con más claridad, logro percibir que la mujer dice:-¡No es mi culpa que no me gustaras tú sino tu dinero!--¡Pues si es así, mañana mismo te largas de mi casa con todas tus cosas y desapareces de mi vida!- el hombre le contestaba -¡Te vas y dejas a las niñas aquí!
-¡Ja, ja! ¡No me hagas reír, si me voy me llevo a mis hijas, al fin y al cabo ellas sienten lo mismo por ti!- exclamaba burlonamente la mujer.
Intrigado por el comentario el señor preguntaba: -¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué insinúas diciendo que “sienten lo mismo por mi?
La mujer en tono sarcástico le decía: - ¡No me digas que nunca notaste que tus dos pobres hijas no te quieren, y si te quieren es por conveniencia!


Después de tan tremendo pleito los gritos se calmaban pero los ruidos no, se seguían escuchando portazos, aventones, y cosas que se estrellaban contra la pared.
Seguido de eso sólo se escuchaba una puñalada y a la mujer diciendo: -¡Pues si yo no me quedo con tu dinero nadie lo hará!
Al terminar de escuchar lo que parecía el asesinato de una persona, me acosté y me cubrí con la sábana muy alterada y asustada por lo que acababa de ocurrir.
Al amanecer me levanté y me arregle muy de prisa. Fui a desayunar y, aunque todas las miradas parecían estar sobre mi no me importo lo único que quería era acabar de desayunar y preguntarle a José Luís que Había detrás de esa misteriosa puerta.
Termine de desayunar, ayude a recoger y salí al corral en busca de José Luís.
Cuando lo encontré estaba muy ocupado con su primo Hugo así que cuando lo vi simplemente retrocedí lenta y cautelosamente para que no notaran mi presencia, por desgracia detrás de mi había una manguera la cual estaba regando un plantitas que ahí se encontraban y fue así como tropecé y fui a caer el lodo de las plantas, mi plan de ser discreta falló rotundamente.


Una vez que era la hora de la comida, la ahora viuda del señor Alfonso nos invito a comer a un restaurante en donde la comida era deliciosa.
Ahí ella dijo: -Lamentando el terrible hecho ocurrido a mi esposo en los días anteriores, me he puesto a pensar que por el bien psicológico de las niñas y mío, he decidido que el lunes nos iremos a vivir a Aguascalientes. Creo que ustedes sabrán comprender mi pena y por tal motivo entenderán mi decisión.-
- Entendemos pero…- la señora Juliaca se quedo con las palabras en la boca por que Elizabeth, la viuda, la interrumpió apresuradamente diciendo: -Pero, no tienen por que afligirse estaré de vuelta aquí para cuando sea la lectura del testamento.-
Luego de esos comentarios la comida fue más callada que de costumbre, por lo que se hizo eterna; al terminar todos nos dirigimos a la casa de la abuela de José Luís para el rosario por el novenario de Alfonso.

Terminando el rosario, todos nos retiramos a acostar, mi curiosidad por saber que había tras esa puerta en mi recamará me obligó a salir de mi habitación, una vez que me había preparado para dormir, para ir al cuarto de José Luís y preguntarle que había tras esa puerta,
Cuando le pregunte, él me miro con cara de “de que hablas” y me dijo:
-No se de lo que me estás hablando. Por que la habitación que tú
estas ocupando ha estado vacía desde siempre, por que nunca nadie la ocupo jamás. Y la puerta de la que hablas es simplemente un closet mal hecho.-


Al escuchar eso no me quedó de otra más que decirle buenas noches e irme a dormir.

Una vez estando acostada no podía creer lo que me habían dicho, “que esa puerta no es nada más que un closet”.Eso no podía ser cierto. Yo escuche claramente los gritos, y no venían de ninguna otra habitación, además mi recámara es la única ocupada de este lado del recibidor.

Con mi mente pensando en esa puerta y lo que había detrás se pasaron tres días hasta que la noche del domingo decidí asegurarme de lo que había ahí.

Se dieron las once de la noche y nada pasaba, hasta que…
un -¡cállate!- salió de la puerta.
Espere a que pasaran cinco minutos y me levanté a ver lo que realmente estaba pasando.

Me acerque cautelosamente a la puerta tome la manija y la giré lentamente hasta que la puerta se abrió, cuando vi lo que había al otro lado de la puerta, sentí que me quería desmayar. Mis ojos no podían creer lo que era, ¡otro pasillo! Pero éste no era parecido al del lado izquierdo del recibidor, más bien era el del lado derecho, ¡donde yo me encontraba!
Por un momento no escuchaba nada, así que empecé a caminar lentamente por el pasillo; Había una pequeña luz que provenía del último cuarto del corredor, del que estaba justo enfrente de mí, a unos metros y ocho puertas. Lo más sorprendente es que de ese mismo lugar provenían los gritos de la discucion.

Seguí caminando hasta llegar a la puerta abierta y alumbrada, me asomé a ver lo que ocurría y lo que vi fue una escena aterradora… una escena de revelación… la cruel y dura realidad del asesinato del señor Alfonso.

Mi cara se quedó perpleja al ver la escena, una fuerte discusión de pareja en la que la señora Elizabeth le decía al señor Alfonso que la única razón por la cual ella se casó con el fue por su dinero, y que ella compartía ese sentimiento hacia el con sus hijas, eso de verdad te deja paralizado, aun más cuando continuas viendo que cuando el señor le reclama a las hijas ésta se enfurece y tira todo cuanto se encuentra, además de arrojar todos lo que se encuentra hacia el señor, pero su desesperación no le permite apuntar bien por lo que los arroja hacia la pared.
Finalmente uno ve con claridad que una vez que el señor está a punto de marcharse la infeliz mujer lo empuja y ésta cae estrepitosamente al suelo, justo en ese momento la señora saca un cuchillo que tenía guardado en un cajón y se lo clava por la espalda justo en la dirección al corazón.
Al terminar de ver está escena corro desesperadamente al lo que parece ser la realidad, mi habitación en donde nada ha cambiado, rápidamente me echo en la cama y me cubro con las cobijas, mi corazón palpita tan fuerte que parece que se va a salir.

Finalmente cuando logro dormir esta escena vuelve a mi mente y me despierta bruscamente.

Al amanecer después de medio dormir me pongo a pensar en lo que pasó, y un millón de preguntas e ideas bombardean mis pensamientos al mismo tiempo, cosas como: ¿Cómo le voy a decir a la familia de José Luís?, ¿Qué van a decir de mi si les digo esto?, ¿Cómo voy a probar lo que estoy diciendo? O ¿Qué voy a hacer para olvidarme de esa escena?

Después del bombardeo de preguntas Salí corriendo y me topo con José Luís, el cual muy preocupado dice: -¿Qué tienes? ¿Qué te pasa? ¿Te sientes bien?

Mi alteración sólo me permite temblar y sentir como poco a poco caigo al suelo de rodillas. Después de eso sólo recuerdo oír una sirena de ambulancia y ya, desperté aquí en el hospital
.
Cuando recupero la conciencia puedo ver un montón de flores por toda la habitación, y a José Luís diciendo: -Creo que ésta fue una muy mala fecha para venir a ver a mí familia. En cuanto de den de alta nos regresamos a Monterrey.-
Después de esa terrible experiencia tuve que tomar terapias psicológicas.

Poco después de mi boda con José Luís, me enteré qué Elizabeth fue capturada y metida a la cárcel por que una de sus dos hijas dijo la verdad.

A la fecha cada día que vuelvo a la casa de la abuela de José Luís escucho esos terribles gritos al otro lado de la puerta.

martes, 18 de noviembre de 2008

Teoria de Dulcinea

-Salvador Elizondo-

En un lugar solitario cuyo nombre no viene al caso hubo un hombre que se pasó la vida eludiendo a la mujer concreta.Prefirió el goce manual de la lectura y se congratulaba eficazmente cada vez que un caballero andante embestía a fondo uno de esos vagos fantasmas femeninos, hechos de virtudes y faldas superpuestas, que aguardan al héroe después de cuatrocientas páginas de patrañas, embustes y despropósitos.En el umbral de la vejez, una mujer de carne y hueso puso sitio al anacoreta en su cueva. Con cualquier pretexto entraba al aposento y lo invadía con un fuerte aroma de sudor y de lana, de joven mujer campesina recalentada por el sol.El caballero perdió la cabeza, pero lejos de atrapar a la que tenía enfrente, se echó en pos, a través de páginas y páginas, de un pomposo engendro de fantasía. Caminó muchas leguas, alanceó cordero y molinos, desbarbó unas cuantas encinas y dio tres o cuatro zapatetas en el aire. Al volver de la búsqueda infructuosa, la muerte lo aguardabsa en la puerta de su casa. Sólo tuvo tiempo para dictar un testamento cavernoso, desde el fondo de su alma reseca. Pero un rostro polvoriento de pastora se lavó con lágrimas verdaderas, y tuvo un destello inútil ante la tumba del caballero demente.